XXXII domingo tiempo ordinario - 8 de noviembre, 2020

Posted by Equipo MISSIO on Nov 3, 2020 12:45:17 PM

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Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío 

Reflexiones sobre las lecturas del XXXII domingo tiempo ordinario (8 de noviembre, 2020): Sabiduría 6,12-16; Salmo 62; 1 Tesalonicenses 4,13-17; Mateo 25,1-13 

MISSIO ofrece "Predicando Misión," como una ayuda de homilía, que proporciona conexiones a la misión a partir de las lecturas de los domingos, los Días festivos y los Días Santos.

No dejemos que en ningún momento se nos apague la lampara de la fe y dejemos que, esta alumbre la vida.    

Nos acercamos al final del año litúrgico. En estos “últimos domingos” los textos bíblicos de la liturgia de la palabra nos invitaran a reflexionar alrededor del tema del final de la vida, no solo como parte natural de un proceso, sino como resultado intencional de nuestro caminar personal y comunitario.  

A lo mejor este tema, resonara más cercano o con mucho más sentido ahora que hemos estado experimentado la pandemia del COVID 19 y sus consecuencias. Pero de ningún modo este tema debe ser portador de miedo o ansiedad, sino de esperanza y fortaleza.  Y de eso nos hablaran también las lecturas de hoy.  

La primera lectura, del libro de La sabiduría, nos presenta un himno a las maravillas de la sabiduría. Proclamando que esta sale al encuentro de quienes la buscan y la aman. La sabiduría es una de las maneras que Dios se hace presente a quienes lo buscan. 

En La carta a los Tesalonicenses, Pablo hace un intento por responder a las dudas de los nuevos miembros de la comunidad, estos consideraban que los difuntos iban estar ausentes de la venida del Señor. Por esa razón Pablo les pasa la enseñanza que el mismo recibió: Los que han muerto en Jesus estarán presentes con el en el último día.  Para Pablo en el bautismo, que es signo de conversión, nos sumergimos en la muerte de del Señor para resucitar con él.   

El evangelio de Mateo por medio de la parábola de las diez vírgenes, prudentes y necias. Nos ensena que el final de cada persona depende de la vida “prudente” O de la vida “necia” que haya llevado. 

La parábola es una llamada de atención: “por qué no se sabe ni el día, ni la hora. No dejemos que en ningún momento se nos apague la lampara de la fe y dejemos que, esta alumbre la vida. No dejemos que se acabe el aceite de la esperanza, de la solidaridad y la caridad mutua. Solo así nuestros corazones llenos de luz nos permitirán vivir la vida a su máxima expresión aquí y ahora.  

Jesus nos pide que nunca nos falte el aceite en nuestras lámparas. Sería bueno preguntar hoy, ¿Qué tipo de aceite alimenta nuestras lámparas? ¿Nos preocupa mantener la llama encendida de la fraternidad? 

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