Misión en la Escritura

XXIV domingo del tiempo ordinario - 15 de septiembre, 2019

Written by Equipo MISSIO | Sep 9, 2019 7:03:13 PM

¡Celebremos una fiesta, mi hijo ha regresado!

Reflexiones sobre las lecturas del XXIV domingo del tiempo ordinario (15 de septiembre, 2019): Éxodo 32,7-11.13-14; Salmo 50; 1 Timoteo 1,12-17; Lucas 15,1-32

MISSIO ofrece "Misión en la Escritura" para alimentar un corazón misionero, proporcionando reflexiones sobre los temas misioneros en las lecturas de los domingos, fiestas y días festivos.

Este domingo XXIV del tiempo ordinario, la liturgia de la palabra nos trae textos bíblicos que nos presentan una variedad temas a escoger. Entre todos estos temas el evangelio de Lucas nos trae la parábola conocida como la del hijo prodigo, parábola que muchos llaman acertadamente como “la parábola del padre misericordioso” ya que, entre los protagonistas de esta, resalta un padre de familia lleno de misericordia hacia sus dos hijos.

Con esta parábola Jesus nos muestra la gran misericordia del Padre y su predilección con los considerados perdidos a causa del pecado. También es una manera con la Jesus responde a las críticas que los fariseos y escribas hacían al verlo junto a publicanos y pecadores: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos."

Esta parábola, también pone al descubierto el corazón de Dios en una de las mejores imágenes posibles: La de un padre de familia, quien acompaña la vida y la decisión de sus hijos con ternura, compasión y misericordia, sufre cuando cometen errores, aguarda esperanzado con ansias su regreso, expresa su amor con palabras, gestos y acciones; es consciente de la diversidad que existe entre sus hijos, se alegra cuando estos recapacitan y festeja el reencuentro. Al compartirnos la parábola del Padre misericordioso, Jesus también nos ofrece una doble lección: Primero, nos muestra lo que debemos espera de Dios, como sus hijos y segundo, nos enseña lo que tenemos que hacer como padres de familia y/o acompañantes de otros.

¿Cómo se habrán sentido los publicanos y pecadores al escuchar esta parábola? ¿Qué podemos nosotros sentir y esperar al saber que Dios se alegra de reencontrarse con los pecadores?

Los discípulos misioneros, quienes hemos recibido este amor del Padre, por medio de Jesucristo y hemos sido llenos del Espíritu Santo, para continuar la misión, tenemos el deber de llevar esta experiencia sin excluir a nadie. Ser una Iglesia en salida, signo de la ternura, compasión y misericordia del Padre para todos, en especial para los que se encuentran en las periferias, es uno de los mayores desafíos que tenemos.  Jesus, quien, con esta parábola del Padre misericordioso, nos invita a vivir el Amor, el perdón y la solidaridad, nos ayude a renovar nuestro discipulado misionero para que juntos podamos ser una Iglesia que con fervor y dinamismo lleve a otros esta buena nueva que da alegría.