Misión en la Escritura

Fiesta de la dedicación de la Basílica de Letrán - 9 de noviembre, 2018

Written by Equipo MISSIO | Nov 6, 2018 8:28:31 PM

 

El templo de Dios es santo: Ese templo son ustedes  

Reflexiones sobre las lecturas de la Fiesta de la dedicación de la Basílica de Letrán (9 de noviembre, 2018): Ez 47, 1-2. 8-9. 12; Salmo 45, 2-3. 5-6. 8-9; I Cor 3, 9c-11. 16-17; Juan 2, 13-22 

MISSIO ofrece "Misión en la Escritura" para alimentar un corazón misionero, proporcionando reflexiones sobre los temas misioneros en las lecturas de los domingos, fiestas y días festivos.

San Juan Letrán es la catedral del papa como obispo de Roma.

Es la Basílica más antigua, de mayor rango y conforma con la Basílica de San Pedro, la de San Pablo y la de Santa Maria la mayor, las conocidas como las Basílicas mayores. Las cuales se encuentran entre Roma y el Vaticano. La Basílica de Letrán fue concedida a la iglesia en el siglo IV por el emperador Flavio Valerio Aurelio Constantino, conocido como Constantino I o Constantino el grande. Quien con su conversión al cristianismo y el Edicto de Milán (año 313) puso fin a las persecuciones a los cristianos. Fue consagrada por el Papa San Silvestre en el año 324.   

En la fiesta de la dedicación o consagración de la basílica de San Juan de Letrán reafirmamos la unidad de los cristianos, su fiesta nos recuerda que la iglesia está fundada en Jesus y que la historia nos lo confirma. Las lecturas en la liturgia de hoy nos permiten también reflexionar en el sentido teológico y espiritual de esta fiesta al ayudarnos a recordar el significado de tener templos para adorar a Dios, sobre todo reafirmar que Jesus es el templo santo y autentico; y, por último, que nosotros también somos templos de Dios: Piedras vivas de la Iglesia. 

Que la fiesta de la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, nos ayude a vivir más intensamente nuestra identidad de Iglesia, renueve en nosotros la razón e importancia de los templos físicos donde nos reunimos como comunidad para adorar y rendir culto a Dios.  

Que también reafirmemos nuestro discipulado misionero individual y comunitario, reconociéndonos como templos vivos de Dios, que llevan en sí mismos el tesoro de la fe en vasijas de barro fortalecidas por el maestro en el fuego del Espíritu Santo; salgamos a las periferias físicas y existenciales de nuestra realidad a llevar la alegría del evangelio que da esperanza. Evangelizadores con espíritu que oran y trabajan en comunidad, con una espiritualidad transformadora del corazón. Que viven en la práctica del Amor fraterno, la oración y la celebración de los sacramentos.